JPMorgan freezes stablecoin startups’ bank accounts over sanctions concerns

Última actualización: 12/28/2025
  • JPMorgan froze bank accounts tied to stablecoin startups Blindpay y Kontigo por alertas de sanciones y riesgo operativo.
  • Las cuentas se gestionaban vía el proveedor de pagos Checkbook, por lo que el corte afectó indirectamente a las startups.
  • El banco citó exposición a Venezuela y altos niveles de disputas como detonantes, más que una postura anti-cripto.
  • El caso evidencia la vulnerabilidad bancaria de las fintech cripto, especialmente en mercados emergentes y regiones sancionadas.

Bank decision on stablecoin startups

Las tensiones entre el sistema bancario tradicional y el ecosistema cripto han dado un nuevo giro después de que JPMorgan Chase decidiera congelar las cuentas asociadas a varias startups de stablecoin. La medida ha puesto el foco en cómo los grandes bancos gestionan el riesgo regulatorio, especialmente cuando entran en juego sanciones internacionales y operaciones con activos digitales.

En el centro del episodio se encuentran Blindpay y Kontigo, dos jóvenes compañías respaldadas por Y Combinator que operan principalmente en América Latina y se apoyaban en la infraestructura bancaria de JPMorgan a través del proveedor de pagos Checkbook. Lo que para estas startups era una vía esencial de acceso al sistema financiero terminó convertido en un punto de estrangulamiento cuando el banco activó sus sistemas internos de gestión de riesgos.

Cómo se llegó al congelamiento de las cuentas

Aunque Blindpay y Kontigo no eran clientes directos de JPMorgan, su relación con el banco se daba de forma indirecta a través de Checkbook, una firma de pagos digitales que utiliza los raíles bancarios de JPMorgan para ofrecer servicios a terceros. Cuando las herramientas de cumplimiento del banco detectaron señales de riesgo, el impacto se trasladó en cascada a toda la red de usuarios de ese proveedor.

De acuerdo con múltiples reportes de medios especializados como CoinDesk, The Block y Cointelegraph, las cuentas utilizadas por las startups fueron congeladas de manera abrupta tras una revisión de actividad considerada sensible. En el caso de Kontigo, la atención se centró en operaciones vinculadas a Venezuela, país sujeto a un régimen de sanciones económicas especialmente exigente por parte de Estados Unidos.

Por otro lado, Blindpay fue señalada por superar los umbrales internos de JPMorgan en materia de transacciones disputadas. Un incremento notable en devoluciones de cargos y reclamaciones habría activado las alarmas automáticas del banco, que reaccionó aplicando restricciones generales a las cuentas que se nutrían de sus servicios, incluidas las gestionadas por Checkbook.

Lo llamativo para las startups fue la falta de aviso previo: una vez que los sistemas internos de riesgo de un banco sistémico se ponen en marcha, el acceso puede cerrarse prácticamente de la noche a la mañana, dejando a empresas en crecimiento sin herramientas básicas como procesar pagos, recibir fondos de clientes o pagar a proveedores.

Stablecoin startups banking relationship

Por qué Venezuela y las sanciones están en el centro del problema

El elemento más delicado del caso es la exposición, directa o indirecta, al mercado venezolano. Kontigo, que facilita remesas, pagos y manejo de activos digitales para usuarios en entornos de alta inflación y controles cambiarios, fue identificada por sus vínculos comerciales con una jurisdicción bajo estrictas sanciones estadounidenses.

En Estados Unidos, basta con una posible conexión con regiones sancionadas para que un gran banco decida cortar relaciones de manera preventiva. Incluso cuando no se ha demostrado actividad ilícita, la combinación de criptomonedas, pagos transfronterizos y países en listas de riesgo basta para que el área de cumplimiento de una entidad como JPMorgan opte por la vía más conservadora.

El contexto político y económico no ayuda. Las medidas recientes de Washington frente a Caracas —incluyendo la incautación de buques petroleros y nuevas restricciones comerciales— han intensificado la presión sobre las operaciones vinculadas al país. En paralelo, la propia Venezuela ha visto un aumento considerable en el uso de criptomonedas y stablecoins, tanto por parte de ciudadanos como de actores económicos que buscan esquivar la volatilidad del bolívar y las limitaciones del sistema financiero tradicional.

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Según diversas estimaciones, una proporción muy relevante de los ingresos petroleros del país se procesa actualmente utilizando stablecoins como USDT. Además, compradores privados han incrementado sus tenencias de activos digitales hasta decenas de millones de dólares tras cambios arancelarios y embargos, lo que subraya el papel de las monedas estables como herramienta para gestionar flujos de valor en un entorno sometido a sanciones.

Este telón de fondo explica por qué una startup que ofrezca infraestructura de pagos con stablecoins en Venezuela o hacia ese mercado puede ser clasificada rápidamente como de alto riesgo por bancos estadounidenses, aunque su propuesta de valor se centre en dar acceso financiero a usuarios excluidos.

El papel de Checkbook y la cascada de riesgo bancario

La historia no se entiende sin analizar la posición de Checkbook, el proveedor de pagos digitales que sirve de intermediario entre las startups y JPMorgan. Blindpay y Kontigo utilizaban sus servicios para abrir cuentas en línea a gran velocidad y procesar pagos en dólares, confiando en la solidez del respaldo bancario del proveedor.

Según explicó el CEO de la compañía, PJ Gupta, el problema no afectó únicamente a estas dos startups de stablecoin. El banco habría decidido restringir varias cuentas vinculadas a Checkbook después de detectar un aumento significativo en devoluciones de cargos y disputas, lo que se atribuía en parte a una estrategia agresiva de incorporación de usuarios finales.

Desde la perspectiva del banco, una subida brusca en disputas de pago combinada con actividad en territorios considerados delicados representa un riesgo operativo considerable. El resultado fue una congelación temporal de las cuentas que dependían de esa infraestructura, mientras se llevaba a cabo una revisión más profunda de los perfiles de riesgo.

Este episodio ilustra un punto crítico para cualquier negocio cripto que dependa de un tercero para acceder al sistema bancario: no es necesario ser cliente directo del banco para sufrir el impacto de sus decisiones de cumplimiento. Cuando la entidad de primer nivel endurece su postura, el efecto se propaga por toda la cadena de proveedores y clientes conectados a su balance.

En la práctica, las startups descubrieron que su “rampa de salida” hacia el dinero fiduciario era tan robusta como el eslabón más débil de la estructura bancaria que la soportaba, algo que muchos fundadores tienden a infravalorar en las fases de rápido crecimiento.

Quiénes son Blindpay y Kontigo y qué hacen

Blindpay y Kontigo representan una nueva generación de plataformas de pagos basadas en stablecoins enfocadas en mercados emergentes, donde el acceso a servicios bancarios formales suele ser limitado y la volatilidad de las monedas locales es un problema constante.

Blindpay opera como una solución de pagos con stablecoins en varios países de Latinoamérica, con el objetivo de ofrecer transferencias rápidas, de bajo coste y relativamente estables frente a monedas locales frágiles. Su modelo se apoya en la idea de que los usuarios pueden mover valor utilizando monedas estables, para luego entrar o salir del sistema fiat a través de socios bancarios o proveedores de pago como Checkbook.

Kontigo, por su parte, está más ligada al entorno venezolano. La compañía permite a usuarios y empresas enviar remesas, hacer pagos y administrar activos digitales en un contexto de hiperinflación, controles cambiarios y restricciones sobre el uso del dólar. Para muchos de sus clientes, las stablecoins se han convertido en una herramienta clave para proteger ahorros y mantener liquidez sin quedar atrapados por la depreciación del bolívar.

Ambas startups han llamado la atención de inversores internacionales. En los últimos meses, cerraron rondas de financiación significativas, respaldadas en parte por programas de aceleración como Y Combinator, que han visto en estos proyectos una vía para bancarizar a millones de usuarios a través de infraestructuras cripto.

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Aun así, el episodio con JPMorgan pone de manifiesto que el atractivo de negocio no elimina el riesgo regulatorio. Precisamente por operar en la frontera entre criptomonedas, pagos transfronterizos y mercados sancionados, estas empresas están sujetas a un escrutinio más severo que otras fintech tradicionales.

La postura pública de JPMorgan frente a las stablecoins

Frente a las especulaciones de que el movimiento podía ser una señal de rechazo frontal a las stablecoins, JPMorgan ha tratado de matizar el mensaje. Portavoces del banco han insistido en que la decisión de congelar las cuentas responde fundamentalmente a criterios de cumplimiento normativo y sanciones, y no a una guerra declarada contra los negocios basados en blockchain.

La entidad ha recalcado que sigue trabajando con emisores de stablecoins y compañías cripto, y ha recordado su participación en operaciones relevantes, como la facilitación de la salida a bolsa de un emisor de stablecoins. El mensaje oficial es que el banco está dispuesto a seguir colaborando con la industria, siempre que los riesgos en materia de sanciones y cumplimiento puedan controlarse de forma adecuada.

Sin embargo, desde la óptica de las startups afectadas, la distinción entre una política general pro-cripto y una aplicación estricta de las normas de sanciones puede tener poca relevancia práctica. El resultado inmediato es el mismo: pérdida súbita de acceso a cuentas bancarias, bloqueo de operaciones y necesidad urgente de buscar alternativas.

Este contraste entre el discurso público y las decisiones operativas alimenta la percepción, en buena parte del ecosistema cripto, de que los grandes bancos siguen tratando el sector con una mezcla de interés estratégico y extrema cautela, especialmente cuando las actividades se desarrollan en países que figuran en listas de alto riesgo.

Crypto banking sanctions risk

Un nuevo capítulo en la “desbancarización” cripto

Para muchos observadores, lo ocurrido encaja en una narrativa de largo recorrido: la de la “desbancarización” de empresas cripto por parte de entidades financieras tradicionales. En lugar de evaluar caso por caso, los bancos tienden cada vez más a cerrar de forma preventiva relaciones completas con segmentos considerados problemáticos, especialmente cuando se combinan palabras clave como sanciones, stablecoins y pagos transfronterizos.

El caso de Blindpay y Kontigo muestra que incluso startups estadounidenses o respaldadas por inversores de primer nivel pueden verse aisladas del sistema bancario si tocan corredores que los bancos clasifican como de alto riesgo, como ciertas zonas de América Latina o países sancionados. Cuando una entidad de importancia sistémica como JPMorgan se repliega, el impacto repercute inmediatamente en toda la cadena de fintech y negocios cripto que dependen de bancos-as-a-service.

También deja al descubierto una vulnerabilidad estructural en el modelo de muchas empresas cripto. Aunque a menudo se presume que las stablecoins son globales y sin fronteras, su uso cotidiano sigue requiriendo puntos de entrada y salida en el sistema bancario tradicional. Si esos puntos se concentran en unos pocos proveedores, el riesgo de que un solo movimiento regulatorio paralice la operativa se multiplica.

Para founders y equipos de producto, el episodio actúa como recordatorio de que las “rampas fiat” son el eslabón más débil de muchos modelos de negocio basados en blockchain. La innovación on-chain puede avanzar a gran velocidad, pero si el acceso al sistema bancario no es resiliente ni está diversificado, incluso las startups mejor financiadas pueden quedarse sin oxígeno financiero de un día para otro.

Lecciones y estrategias para founders fintech y cripto

Ante este entorno, las startups que trabajan con stablecoins y pagos internacionales se ven obligadas a subir el nivel en materia de cumplimiento y gestión de riesgo. No se trata solo de cumplir la ley, sino de demostrar de forma proactiva a los bancos que los riesgos asociados a sanciones, blanqueo de capitales y fraude están bajo control.

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Una primera línea de defensa pasa por reforzar los sistemas internos de compliance: políticas de KYC y AML robustas, herramientas de monitorización de transacciones y segmentación de clientes por nivel de riesgo. Cuanto más clara sea la trazabilidad de fondos y contrapartes, más argumentos tendrá una startup para defender su relación con sus socios bancarios.

También resulta clave mantener canales de comunicación fluidos con bancos y reguladores. Documentar procesos, compartir información de riesgo de forma periódica y anticipar cambios en la estrategia de expansión geográfica son prácticas que pueden marcar la diferencia cuando surge una revisión de alto nivel dentro de una entidad financiera.

Otra lección evidente es la necesidad de diversificar la exposición bancaria y geográfica. Confiar en un solo proveedor o en una sola jurisdicción incrementa el impacto de cualquier decisión adversa. Explorar bancos digitales, instituciones locales más familiarizadas con el ecosistema cripto u otros partners regulados puede reducir el riesgo de un corte total de acceso.

Finalmente, muchos fundadores están empezando a diseñar planes de contingencia específicos para cierres de cuentas, incluyendo la segmentación de fondos operativos, la redundancia de proveedores de pago y protocolos internos para comunicar con usuarios y socios en caso de interrupciones. No se trata de si habrá otro choque con el sistema bancario, sino de cuán preparada está la empresa para absorberlo.

Implicaciones para el ecosistema startup latinoamericano

Aunque las decisiones de JPMorgan se toman desde Estados Unidos, sus efectos se sienten con fuerza en América Latina, una región donde las criptomonedas y las stablecoins han encontrado un terreno fértil por la combinación de inflación, restricciones cambiarias y baja bancarización.

Startups de la región que aspiran a escalar operaciones fuera de LATAM o conectar con el sistema financiero global se ven ahora ante una señal de alerta: todo lo relacionado con sanciones, flujos hacia países en listas negras o actividades difíciles de auditar puede cerrarles puertas en bancos internacionales aunque sus operaciones sean legítimas.

Para estas compañías, los procesos de debida diligencia y gestión activa del riesgo regulatorio dejan de ser un trámite y se convierten en un factor central de competitividad. Tener claridad sobre qué países, segmentos de clientes y tipos de transacción elevan el riesgo es tan importante como la propia propuesta tecnológica.

En la práctica, el mercado latinoamericano podría ver una mayor segmentación entre empresas con estructuras de cumplimiento avanzadas —capaces de atraer socios bancarios globales— y proyectos que operan principalmente a través de canales alternativos o soluciones puramente cripto, con menor anclaje al sistema financiero tradicional.

El caso Blindpay-Kontigo se interpreta ya como un precedente a tener en cuenta para cualquier startup de stablecoins que opere en la región, sobre todo si su estrategia pasa por interactuar con jurisdicciones sancionadas o mercados donde el uso de stablecoins esté ligado a elusión de restricciones financieras.

Este episodio en torno a JPMorgan, Blindpay y Kontigo deja claro que el punto de fricción entre banca, sanciones y stablecoins sigue muy lejos de resolverse. Mientras los bancos se ven obligados a extremar la cautela ante cualquier rastro de riesgo regulatorio, las startups cripto tratan de ofrecer soluciones reales a usuarios en economías inestables. Entre ambos mundos se abre un espacio complejo, en el que contar con socios bancarios robustos, estructuras de cumplimiento sólidas y una estrategia de diversificación bien pensada puede ser la diferencia entre seguir operando o ver cómo las cuentas se congelan de un día para otro.

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